
J. Allan Hobson: explicación de la teoría de la activación-síntesis
En diciembre de 1977, dos psiquiatras de Harvard publicaron una de las ideas más rompedoras de la historia moderna del estudio de los sueños: que quizá los sueños no sean mensajes en absoluto. Según defendían, el tronco del encéfalo durante el sueño emite ráfagas de actividad eléctrica, y el cerebro superior, inmerso en el proceso de desconexión, hace lo que siempre hace con las señales que recibe: construir una historia. Sin deseos ocultos, sin censura, sin ningún código que descifrar. El artículo provocó una avalancha de cartas indignadas, y su autor principal pasó las cuatro décadas siguientes debatiendo con entusiasmo con el fantasma de Sigmund Freud. Sin embargo, el giro más sorprendente en la trayectoria de J. Allan Hobson llegó al final: quien redujo los sueños a ruido terminó defendiendo que son el lugar donde nace la propia conciencia. Esta es la teoría que todo estudiante de Psicología acaba conociendo, explicada con rigor: qué sostiene la teoría de la activación-síntesis (activation-synthesis), qué explica de forma brillante, dónde encontró sus límites y en qué acabó creyendo Hobson.
¿Quién fue J. Allan Hobson?
John Allan Hobson (1933-2021) fue profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, donde dirigió el laboratorio de neurofisiología que estudió con detalle qué hace realmente el cerebro durante la noche. Se formó como psiquiatra en la época dorada del psicoanálisis, pero terminó alejándose de él: el diván le ofrecía relatos sobre los sueños, mientras que él buscaba mediciones. En su laboratorio registraban la actividad del tronco del encéfalo durante el sueño célula a célula, siguiendo los cambios químicos que alternan entre la vigilia, el sueño profundo y el sueño REM. También tenía una marcada vena artística y un gran talento para divulgar: su exposición Dreamstage recorrió museos mostrando a una persona durmiendo en directo, con sus ondas cerebrales proyectadas para el público, convirtiendo la ciencia del sueño en una auténtica performance. Y, para satisfacción de sus críticos, el gran detractor de la interpretación de los sueños llevó durante décadas su propio diario de sueños, llenando cuadernos con dibujos y transcripciones de sus noches.
Sus libros acercaron estas ideas al gran público: The Dreaming Brain, The Dream Drugstore, Dreaming: An Introduction to the Science of Sleep y, con su característico sentido de la provocación, Thirteen Dreams Freud Never Had. En 2001 sufrió un ictus en el tronco del encéfalo que le brindó, de la forma más cruel imaginable, un experimento único: durante varias semanas apenas soñó, pese a ser el mayor especialista mundial en sueño REM, y analizó su propio sueño alterado con el mismo rigor que había aplicado durante años a los gatos de su laboratorio. Se recuperó, siguió trabajando desde su granja de Vermont y falleció en 2021 a los 88 años, siendo todavía la figura más citada y debatida de la ciencia de los sueños.
Activación-síntesis: la teoría que desató una guerra
El artículo publicado en 1977 junto a Robert McCarley, The Brain as a Dream State Generator, se apoya en una idea sencilla de dos pasos. Activación: durante el sueño REM, un mecanismo situado en la protuberancia, parte del tronco del encéfalo, activa la corteza cerebral mediante potentes descargas eléctricas, mientras el cuerpo permanece paralizado y la información procedente de los sentidos queda prácticamente bloqueada. Síntesis: esa corteza recién activada recibe el aluvión de señales generadas desde el interior y, al no disponer de un mundo exterior con el que contrastarlas, las organiza construyendo la mejor historia posible a partir de recuerdos, emociones y expectativas. Desde esta perspectiva, el sueño no es un mensaje codificado, sino un relato improvisado. Lo extraño de los sueños no necesita un censor que disfrace deseos prohibidos, porque esa extrañeza no es más que el aspecto que adquiere una tormenta de señales del tronco del encéfalo después de que la corteza cerebral haya intentado darles sentido.
El objetivo de la crítica era evidente. Durante la mayor parte del siglo XX, La interpretación de los sueños, de Freud, había defendido que lo extravagante de los sueños era un disfraz cargado de significado, y a partir de esa idea floreció toda una industria dedicada a descifrar símbolos. Hobson respondió que la forma de los sueños depende de cómo funciona el cerebro dormido, ridiculizó lo que llamaba la interpretación de los sueños al estilo de las frases de las galletas de la suerte y nunca rebajó el tono:
No me preocupa enfrentarme a Sigmund Freud. Creo que Sigmund Freud se ha convertido en lo políticamente correcto. El psicoanálisis se ha convertido en la Biblia, y eso me parece una locura.
J. Allan Hobson, in The Boston Globe (2011)
Lo que esta teoría explica especialmente bien
Al margen de si podía considerarse una explicación completa de los sueños, la teoría de la activación-síntesis describía mejor que ninguna anterior la textura de la experiencia onírica, es decir, cómo se viven los sueños desde dentro. Cada una de las rarezas más habituales del mundo de los sueños encuentra correspondencia con procesos medibles en el cerebro durante el sueño REM:
| Cómo se sienten los sueños | Qué hace el cerebro durante el sueño REM |
|---|---|
| Cambios bruscos de escenario y tramas imposibles | La corteza cerebral improvisa a partir de las descargas caóticas del tronco encefálico y va modificando la historia a medida que cambian las señales |
| Volar, caer o correr sin avanzar | Los circuitos del equilibrio y el movimiento se activan mientras el cuerpo permanece paralizado, por lo que se percibe el movimiento sin que el cuerpo se mueva |
| Imágenes muy vívidas con los ojos cerrados | Las áreas visuales se activan desde el interior del cerebro y generan imágenes sin necesidad de luz |
| Miedo, alegría o rabia que aparecen de la nada | Los centros emocionales, especialmente la amígdala, muestran una gran actividad durante el sueño REM y tiñen cualquier historia que esté desarrollándose |
| Olvidar el sueño a los pocos minutos | La noradrenalina y la serotonina, sustancias clave para fijar los recuerdos, permanecen prácticamente inactivas durante el sueño REM, como si una grabadora funcionara sin cinta |
| Aceptar situaciones absurdas con total naturalidad | Las regiones frontales encargadas del pensamiento crítico y la supervisión de uno mismo son de las más atenuadas, por lo que nada parece extraño hasta que despiertas |
Las objeciones: dónde empezó a resquebrajarse la teoría
La ciencia respondió a Hobson exactamente como él habría querido: con pruebas. Hubo tres puntos especialmente difíciles de sostener. El primero fue que los sueños y el sueño REM dejaron de ir siempre de la mano: también soñamos durante el sueño no REM, y personas con lesiones en la protuberancia pueden seguir soñando, mientras que lesiones en determinados circuitos del prosencéfalo, relacionados con el deseo y la motivación, pueden hacer desaparecer los sueños aunque el sueño REM se conserve, como defendió el neuropsicólogo Mark Solms. Si los sueños pueden sobrevivir a su supuesto generador, entonces ese generador no explica toda la historia. El segundo punto fue el contenido. Décadas de informes sistemáticos sobre sueños muestran que suelen ser mucho menos extraños de lo que la teoría sugería: aparecen personas y lugares corrientes, mantienen continuidad con las preocupaciones de la vida diaria del soñador y conservan temas personales estables durante años, algo difícil de atribuir a un ruido completamente aleatorio. El tercer punto fue el patrón emocional. Los sueños reflejan con notable regularidad aquello que sigue sin resolverse y tiene una fuerte carga afectiva en la vida de cada persona, una conclusión central en las investigaciones de reparación del estado de ánimo durante el sueño de Rosalind Cartwright.
La valoración más equilibrada, y la que hoy comparten la mayoría de los especialistas en sueño, conserva ambas partes. Hobson acertó al describir el mecanismo: los sueños se construyen en un cerebro activado desde dentro y sometido a un estado químico único, y no hace falta recurrir a un censor para explicar un sueño en el que volamos. Donde fue demasiado lejos fue al hablar del significado. La síntesis no es aleatoria, porque los recuerdos, miedos y esperanzas a los que recurre la corteza cerebral son los tuyos, seleccionados por un cerebro emocional especialmente activo durante toda la noche. Puede que el ruido sea impersonal, pero la narración nunca lo es.
Del ruido a la protoconciencia (protoconsciousness): el giro de sus últimos años
Hobson nunca dejó de revisar sus propias ideas, y eso dice mucho de su forma de entender la ciencia. Con su modelo AIM replanteó el sueño y la vigilia como posiciones dentro de un espacio de tres dimensiones: el grado de activación del cerebro, si la información procede del mundo exterior o del propio cerebro, y qué sistema químico domina en ese momento. La vigilia, los sueños, los sueños despiertos, la anestesia y las alucinaciones pasan así a ocupar distintas zonas de un mismo mapa, y el estado de sueño deja de ser una anomalía para convertirse en una configuración concreta.
Después llegó el giro que casi nadie esperaba. En 2009, en Nature Reviews Neuroscience, Hobson propuso que el sueño REM constituye un estado de protoconciencia (protoconsciousness): una realidad virtual programada genéticamente en la que el cerebro simula un mundo, un cuerpo y emociones noche tras noche, entrenando y manteniendo la maquinaria que hace posible la conciencia durante la vigilia. El feto, mientras sueña en el útero, estaría poniendo en marcha ese simulador antes incluso de haber visto el mundo. En esos mismos años colaboró también en estudios sobre el sueño lúcido, cuya particular actividad en las regiones frontales del cerebro le fascinaba por representar una mezcla entre el sueño y la conciencia despierta. Si se observa toda la trayectoria, el contraste es llamativo: el joven Hobson decía que los sueños eran simplemente el cerebro haciendo ruido; el Hobson de sus últimos años sostenía que los sueños eran el lugar donde la conciencia ensaya su propio funcionamiento. Nunca cedió terreno a los diccionarios de símbolos, pero terminó convencido de que soñar, lejos de ser un simple subproducto sin importancia, podía constituir uno de los cimientos de la conciencia.

¿Qué quiere decirte tu sueño?
Explora tu sueño desde distintas perspectivas psicológicas, desde los símbolos y arquetipos junguianos hasta tus pensamientos y preocupaciones del día a día.
Entonces, ¿los sueños significan algo?
Bajo el ruido de las disputas en torno a Freud hay una conclusión serena. Incluso si aceptamos estrictamente la teoría de la activación-síntesis (activation-synthesis), la síntesis sigue siendo personal: cuando la corteza cerebral improvisa una historia a las tres de la madrugada, la construye con tus recuerdos, las personas que forman parte de tu vida y los asuntos que aún tienes pendientes. Por eso el propio Hobson pudo llenar diarios de sueños durante décadas sin caer en contradicciones. La visión actual combina ambas perspectivas: un estado cerebral que genera los sueños y una vida emocional que selecciona su contenido. Así, las preguntas de Freud sobre aquello que evitas afrontar, junto con la insistencia de Hobson en que ningún diccionario puede responderlas por ti, resultan perfectamente compatibles. Un sueño no tiene por qué ser un mensaje cifrado para merecer atención; como mínimo, es una muestra sincera de aquello a lo que recurre tu cerebro cuando nadie lleva el timón. El mapa completo de los métodos de interpretación muestra hasta qué punto esa misma muestra puede leerse de formas muy distintas.
Haz tu propio experimento
El hábito más valioso de Hobson es uno que cualquiera puede adoptar: tratar sus propias noches como datos. El diario de Ruya lo pone muy fácil. Graba el sueño con tu voz o escríbelo nada más despertarte, antes de que la química del sueño REM lo borre, y deja que el registro vaya creciendo. Con el paso de las semanas podrás poner a prueba estas teorías contigo mismo: hasta qué punto tus sueños son realmente extraños, cómo reflejan tus preocupaciones durante la vigilia o qué personas aparecen una y otra vez. Cuando quieras profundizar en un sueño concreto, tendrás a tu disposición los métodos de interpretación, y la detección de patrones del diario te mostrará lo que ningún sueño aislado puede revelar: aquello a lo que recurre tu cerebro, noche tras noche, cuando nadie lleva el timón.

A Hobson le gustaba decir que había eliminado el misticismo de los sueños, pero en realidad lo que hizo fue trasladar el misterio: de los mensajes ocultos al hecho asombroso de que un cerebro, aislado del mundo, sea capaz de crear mundos por sí solo. Cada noche la tormenta nace en el tronco del encéfalo y el narrador que habita en la corteza se pone manos a la obra. Tanto si te convence más la tormenta como la historia, el experimento se está desarrollando esta misma noche en tu cabeza, y tomar nota no cuesta nada.
Teoría de la activación-síntesis y Allan Hobson: preguntas frecuentes
¿Qué es la teoría de la activación-síntesis en pocas palabras?
¿Quién propuso la teoría de la activación-síntesis y cuándo?
¿Hobson pensaba que los sueños carecen por completo de significado?
¿Por qué olvidamos los sueños tan rápido, según Hobson?
¿En qué se diferencia la teoría de la activación-síntesis de la teoría de Freud?
¿Qué es el modelo AIM?
¿Qué es la protoconsciencia (protoconsciousness)?
¿Sigue aceptándose hoy la teoría de la activación-síntesis?
¿Te ha resultado útil este artículo?


